Encuentros Furtivos
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Ese encuentro no fue el único, sino todo lo contrario. Sus encuentros eran furtivos, y ella, siendo cazadora, jugaba con ventaja. Fingía estar escondida pero dejaba que él la encontrara. Dejó que la siguiera hasta que descubrió su lugar favorito, su rincón de pensar. De vez en cuando se dejaba caer, escondido, en aquel rincón y parecían tener una conversación silenciosa. Ella a veces desaparecía, otras veces levantaba la vista hacia él haciéndole dudar si realmente lo había detectado. Un juego continuo del gato y el ratón...