Propaganda
Corrían los años 60 del siglo XX, en un futuro hipotético. Los diferentes bloques, agotados, habían firmado una tregua pero más allá de una guerra fría existía una guerra templada. Las fuerzas del Eje, de corte nacionalsocialista se habían asentado en Europa occidental, de la que ya sólo quedaba libre Reino Unido, que no había podido ser invadida, y además habían conquistado parte de África, mientras Japón mantenía la presión por el otro costado, invadiendo parte de China e Indochina. Por la parte comunista, la URSS había recuperado posiciones re-invadiendo Polonia y varias repúblicas del Este y aliándose con la parte no invadida de China y tomado algunos países árabes. Estados Unidos, hizo efectiva su hegemonía en toda América y conquistó Oceanía y parte de África y mantuvo el pulso en Reino Unido, formando la Liga Panamericana. Esas tres fuerzas mantenían un equilibrio y de alguna manera, todas estaban interesadas en que persistiera. Si una de ellas hacía mella en otra, la tercera corría el riesgo de acabar en minoría, y habría una única hegemonía mundial. Parece ser que cada una se conformaba con lo que tenía, aunque la guerra se mantenía en las fronteras, por avanzar en ciertos territorios. Aquel permanente estado de lucha servía de excusa para que virtualmente y a su manera, los tres grandes superpotencias acabaran siendo totalitarios, bien de corte nacionalsocialista o fascista, comunista o neoliberal, que en el fondo acabó siendo de todo menos liberal. En aquel tablero de ajedrez, las superpotencias mantenían un ferro control de los medios, y la propaganda era por tanto esencial para mantener la tensión bélica y la moral elevada. No es de extrañar que la teniente Green, uno de los mayores iconos de la Liga, resultara omnipresente en muchos de los carteles o folletos propagandísticos...