4. El Sonido del Mar
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Aquel lugar tenía cierto embrujo. El flysch dejaba al descubierto una pequeña cueva, y pese a que el acceso estaba habilitado, pocos conocían este lugar. Cuando la marea subía, el mar la golpeaba y casi se podía hablar con él a través de los ecos que producía su ruido. A veces Marina se pasaba allí un buen rato, esperando a que la marea subiera para venir a buscarla...