Nube Azul VII
Nube Azul ha tomado una decisión que no es fácil, pero ahora necesita la fuerza y coraje para llevarla a cabo. Para ello sube a lo alto del desfiladero, allí donde la tierra acaricia el cielo. Allí, cierra los ojos, relaja mentalmente cada uno de sus músculos y se deja llevar, arrastrado por sus propios pensamientos, allí donde puede volar libremente. Su penacho se convierte en alas y se imagina ser un águila que asciende como una flecha y desciende vertiginosamente haciendo remolinos, rozando las cimas con sus plumas, soltando toda esa rabia contenida y dando paso a una liberación infinita en una comunión con los dioses de la naturaleza. Ella ha observado a los hombres blancos cuando se reúnen periódicamente y meditan primero de manera conjunta y luego individualmente, a veces a solas, en una especie de introspección similar a la que ella realiza. Esto le convence aun más de que no son tan diferentes, quizás sí en sus costumbres pero no en su esencia porque al final todos los hombres pertenecen a la tierra y el no entender esto da lugar a los conflictos. Ella sabe que su corazón no tiene conflicto alguno, pues es puro y limpio, pero también sabe que los demás no siempre piensan así y que muchos no la entenderán, de ahí su conflicto interior. Es la incomprensión de quien ve más allá, en un regalo de los dioses para entender y hacer de un lugar mejor el mundo, algo que no está al alcance de todos, pero que tampoco todos comprenden...