Impaciente
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Bueno, pues ni diosa de la sabiduría ni leches. Allí abajo no se movía nada y Atenea empezaba a impacientarse, porque si hay una cosa que ella sí que no podía controlar era el tiempo. Casi llegaba a dudar de su sabiduría porque estaba convencida que algo iba a llegar, pero el tiempo pasaba y estaba todo demasiado tranquilo. A veces perdía la paciencia, agarraba firmemente su lanza y la clavaba en el suelo, haciendo temblar los cimientos de todo el Olimpo mientras que allá abajo en la Tierra creían que venía tormenta. Ella sí que les iba a atormentar como no se movieran...